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Llegan fechas en las que la gastronomía, pasa a ser, aún más que en nuestra vida diaria si cabe, el hilo conductor de los reencuentros de viejos amigos, cenas familiares, momentos de ocio con compañeros de trabajo…

Y es ahí, donde no hay que olvidar que los vinos tienen un lugar muy importante en esos momentos.

En este post nos vamos a centrar en la cena de Nochebuena y en la Comida de Navidad, aunque estos consejos nos servirán para cualquier cena.

Lo que pretendo es daros unos consejos generales para armonizar de forma sencilla los platos elegidos para nuestro menú con unos vinos que lo complementen lo mejor posible, para que la cena sea todo un éxito. Hay muchísimas opciones de maridaje, y la elección dependerá de cada elaboración concreta que se haya elegido, pero con estos consejos generales, podemos realizar un buen maridaje.

Yo defiendo siempre la sencillez de los menús, pero siempre con cierta variedad tanto en elaboraciones como en los vinos seleccionados.

Lo más sencillo y económico es tener un tipo de vino para cada parte de la comida (bienvenida,aperitivo, primero, segundo, postre y brindis); y digo sencillo si conocemos bien a los comensales, y sabemos sus gustos en lo que a vinos se refiere, porque si no es así…la cosa se complica un poco económicamente hablando, ya que tendremos que tener varias opciones por plato.

La propuesta de Miss Catas es 1 vino por cada capítulo del menú, 5 en total.

Podemos buscar armonías para nuestro menú con un sólo tipo de vinos, como pueden ser vinos de Jerez  o Cavas, que son muy versátiles y nos permiten disfrutar toda la comida con ellos; o bien configurar el maridaje con diferentes tipos de vinos. Si elegimos esta segunda opción, lo ideal será no repetir tipos de vinos siempre que sea posible, ya que lo que se busca es eso…disfrutar de los diferentes tipos.

A priori, podéis pensar que es mucho vino el que recomiendo, pero tened en cuenta que os aconsejo variedad frente a cantidad, es decir, tener de cada vino lo justo para una copa por comensal. Para disfrutar de este tipo de maridajes es muy importante controlar las cantidades, tanto de comida como de vinos. Se trata es de disfrutar de un momento gastronómico equilibrado.

Lo normal es que de una botella de vino podamos servir 6-7 buenas copas. La idea, para poder armonizar correctamente un menú con este número de vino es conseguir servir 10 copas de cada botella, o lo que es lo mismo, copas más “cortitas”.

Para una cena de 8 personas necesitaremos tener una botella de cada vino.

Con las copas no hay que volverse loco, no tenemos que comprar copas especiales  si no tenemos. Lo más fácil y económico es poner copas suficientemente grandes para los tintos (que son los que necesitan la mayoría de las veces más amplitud) y utilizar esas también con el resto de los vinos.

Empezamos por la llegada de los invitados; ahí hay una amplia variedad donde elegir, pero pensando en lo especial de la cena o almuerzo, me decantaría por algo estándar para todos, es más cómodo, y así nos aseguramos que preparamos adecuadamente el paladar.

Una vez en la mesa, para los platos principales, debemos seguir un orden concreto en la evolución de la comida, empezando por los blancos más secos y terminando por los tintos con más crianza. Los muy dulces los dejamos para el final de la comida.

Bienvenida:

Os propongo varias opciones completamente diferentes: Vermú con un poco de hielo y naranja en un vaso bajo no muy grande, cervezas artesanas no muy contundentes en una cantidad moderada ya que tienen una graduación más altas que las industriales, vinos blancos secos o cavas brut o brut nature.

Aperitivos:

Para los primeros aperitivos, fríos o calientes, espumoso de la tierra o cava. Pensad que dependiendo del tipo de aperitivo mayoritario, nos decantaremos por una opción u otra. Para no fallar en este tipo de eventos os aconsejo que el elegido tenga cierta crianza, que no sea muy joven, por ejemplo un cava reserva o un espumoso de crianza similar. Ni muy jóvenes ni mucha crianza será el secreto, y preferiblemente secos.

Primeros y segundos:

 

Si tenemos marisco o pescado, podemos decantarnos con un fino o una manzanilla, cuidando mucho la temperatura. También podemos tener a mano, un vino blanco con algo más de fruta, para los que lo prefieran.

Para el pescado, abramos nuestra mente, no pensemos sólo en blancos.Dependerá del pescado y de como esté cocinado.

Para carnes, nos decantaremos por vinos de jerez (si no lo hemos servido antes con otro plato) o tintos. Dependerá de la elaboración; para carnes a la brasa, al horno o a la plancha, o caza, sin prácticamente aderezos vinos tintos más jóvenes. Para carnes con aderezos potentes o más grasas ya podemos introducir tintos con más crianza (de forma general no fallamos si elegimos crianzas en madera entre lo 12 y 24 meses).

Postre y brindis:

Aquí, si queremos, podemos unificar el vino, y que el vino del postre sea el que utilicemos para el brindis. Siempre se tiende a elegir espumosos para el postre y brindis, pero yo os recomiendo que se lleven a la comida y demos un giro al vino de postre. Para el postre tenemos mucho donde elegir, desde tintos con crianza en madera para postres con chocolate y frutas rojas, palo cortado para postres con chocolate y fruto secos, Pedro Ximénez para tartas de queso o tartas con cobertura de frutas…

Alternativo a todo esto, está la opción más más cómoda, que es elegir tres vinos, uno para el aperitivo, otro para la comida y otro para el brindis; para el aperitivo y el brindis elegimos entre los que ya os he comentado en párrafos anteriores. Lo más complicado será elegir el de la comida; las mejores opciones son : amontillado o palo cortado, un espumoso o cava reserva, o bien un tinto con no mucha crianza (hasta 12 meses).

Y después de todo esto….tan sólo queda disfrutarlo en buena compañía.

¡¡Feliz Navidad a todos!!

 

 

 

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